
La comarca de Pasiega, en Cantabria, es uno de los destinos más bellos y visitados de la región. Allí, la historia y la naturaleza se conjugan, ofreciendo un paseo tan encantador como interesante.
Desde sus orígenes, Pasiega se ha mantenido aislada de los pueblos aledaños, y por ello conserva de manera particularmente arraigada las tradiciones y costumbres que la hacen única.
En los alrededores, se han hallado pruebas de ocupación humana tan antiguas como las que pertenecen al período Paleolítico, situadas en la Cueva del Salitre de Miera y en la Sierra de Cabarga.
Sin embargo, la historia del pueblo propiamente dicho sólo se remonta hasta el Medio Evo, que es la época en la que se dataron las referencias escritas de Pasiega. Se sabe que fue gracias a la fundación de diversos monasterios que nació el pueblo. Uno de los más conocidos es el doble monasterio de San Vicente de Fístoles, fundado en el año 811.
Pasiega es un sitio muy apreciado por los valles que lo circundan. El Valle de Miera, habitado desde el período auriñaciense, es hogar de la Cueva del Rascaño. Los Cántabros se hicieron presentes en la edad de Hierro.
El Valle del Pas, por su parte, tiene su más antiguo vestigio histórico en las cuevas del monte Castillo, que fue habitada desde el período Paleolítico. Allí se habría encontrado también una vía romana que conectaba a Julióbriga con Portus Victoríae, en Santander, atravesando este valle.
La fertilidad de los suelos hizo que, en el siglo XI, se comenzaran a explotar para la agricultura. Las diferentes alturas permitían obtener distintas calidades de pasto, lo que a su vez era sumamente útil para la producción de ganado, un paisaje que aún puede verse en la región.
Foto Vía: Outdoors Webshots