
Hubo un tiempo en el que un hombre fue capaz de convencer a un pequeño pueblo dividido en varias tribus para luchar de modo conjunto contra uno de los ejércitos mejor organizados. Estamos hablando de Corocotta, el guerrero cántabro que se convirtió en una leyenda, después de dirigir a los cántabros contra los romanos y vencerlos.
A él se debe la gloria de las guerras cántabras y el suyo es un espíritu que ahora, cada vez que los cántabros precisan tirar de orgullo, es al que aluden. Todos los años los locales reproducen la hazaña con una gran fiesta.
Los hechos que os vamos a contar, en los que la historia y la leyenda van de la mano, sin saber donde acaba una y empieza la otra, tuvieron lugar pocos años antes del nacimiento de Cristo. Entre el 29 a.C. y el 19 a.C. se sucedieron las guerras en territorio cántabro.
El éxito de los cántabros se debió a que realizaban una guerra de guerrillas forzando a los ejércitos romanos a una máxima actividad pese a lo cual no lograron vencer la tenaz resistencia de los cántabros. Los locales conocían perfectamente el lugar de la batalla, lo que les era propicio, y combatían en rápidas y sorpresivas incursiones, con emboscadas y ataques de gran movilidad y sorpresa que causaban grandes daños a las tropas romanas.
La desesperación de los extranjeros llegó a tal punto que Augusto puso precio a la cabeza de quien dirigía a los romanos. A quien le entregase a Corocotta le recompensaría con doscientos cincuenta mil sextercios. Cuenta le leyenda que sólo hubo un hombre capaz de presentarse a cobrarlo y no fue otro que el mismo Corocotta, que al parecer se presentó espontáneamente al emperador reclamando el pago y el emperador, admirado ante el valor del guerrero, no sólo no le hizo ningún daño, sino que además le regaló aquella suma.
Tampoco se tiene claro el origen de este héroe cántabro, ya que hay quien apunta a que podría tratarse de un guerrero astur al que las guerras cántabras le pillaron de paso y al que llega a compararse con el astur don Pelayo. Y es que a pesar de su fama, las únicas referencias que hay sobre Corocotta son de la propia Roma, que en todo momento lo califica como “un bandido”, aunque se cree que pudo haber llegado a ser una especie de cacique de la época.
Foto Vía José Miguel M. P.